Argentina y Brasil comparten uno de los mayores espectáculos naturales del planeta, donde el río Iguazú precipita sus aguas en más de 270 saltos.

Las hechizantes cataratas de Iguazú se hallan a poco más de 1300 km de Montevideo, si un pájaro levantara vuelo hacia Buenos Aires y mirara hacia el norte, enseguida observaría un laberinto de canales de agua alrededor de la ciudad de Tigre. Allá desemboca en un delta interno el río Paraná, cuyas aguas nutren el anchísimo río de la Plata. Si el ave continuara remontando el curso del Paraná, acabaría encontrando un pequeño afluente llamado Iguazú, un río de dimensiones modestas que discurre muy mansamente desde las montañas costeras de Brasil hasta que, de manera súbita, se desploma formando uno de los espectáculos más atronadores de la naturaleza: las cataratas de Iguazú.

 

Quizá tanta hermosura fuese demasiado para un solo país y por eso decidieron administrarla entre Argentina y Brasil. Ambos estados declararon las cataratas como parque nacional en 1930 y construyeron sendas ciudades con aeropuertos así como una carretera que permite contemplar los saltos desde los dos lados de la frontera.

La Garganta del Diablo

Más altas que las del Niágara, entre Canadá y Estados Unidos, y más anchas que las Victoria, entre Zimbabue, Zambia y Botsuana, las cataratas de Iguazú son un conjunto de 275 saltos. El más impresionante es la Garganta del Diablo (80 m) un paraje del que uno nunca quisiera tener que apartar la vista.

Fuente de imágen: Tripadvisor.

Desde la vertiente brasileña se observa mejor la magnificencia de las cataratas, mientras que desde la parte Argentina es fácil penetrar por el bosque de araucarias entre orquídeas y claveles. Incluso se puede disfrutar de la compañía de tucanes, mariposas de colores y cuatís, unos mamíferos de la familia de los mapaches que aguardan impacientes la comida de los turistas, quienes parten interesados por la exhibición del esplendor de la naturaleza.

El sendero Macuco

Para conocer de cerca y con los cincos sentidos la densa selva que rodea a este monumento natural es muy recomendable acercarse al sendero Macuco. Dentro del Parque Nacional Iguazú y situado en el lado argentino, se trata de una ruta que se puede recorrer a pie y que, durante aproximadamente dos horas de camino llano (unos 7 km), permite al visitante internarse en la frondosa vegetación y conocer de cerca la fauna que la habita.

Los mejores momentos del día para hacer la caminata son a primera hora de la mañana o durante el atardecer, cuando si se camina en silencio y se agudizan los sentidos es posible distinguir el sonido de los macucos – el ave del que toma el nombre el sendero – y ver los monos Caí, además de otros animales propios de la zona, como las víboras de coral. Al final del camino, la visión del salto Arrechea sorprende al visitante con una catarata de 20 m de altura.

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